La Fundación Crucificados de María pone toda su misión bajo la protección de San José y San Cipriano de Antioquía, confiando en su poderosa intercesión ante Dios y en su ejemplo de fidelidad, fortaleza y entrega.
San José, esposo de la Santísima Virgen María y padre adoptivo de Nuestro Señor Jesucristo, es modelo de humildad, obediencia y servicio. Así como custodió con amor a la Sagrada Familia, le pedimos que cuide, proteja y guíe esta misión, acompañando cada una de nuestras obras con su silenciosa pero poderosa presencia.
Confiamos en que, como protector de la Iglesia y de las familias, San José sostendrá esta Fundación y a todos quienes colaboran en ella, ayudándonos a permanecer siempre fieles a la voluntad de Dios.
También encomendamos nuestra labor a San Cipriano de Antioquía, cuya vida es testimonio del poder transformador de la gracia de Dios. Su conversión y fidelidad al Evangelio nos recuerdan que el amor de Cristo es capaz de renovar toda vida y vencer el mal con el bien.
Confiamos en su intercesión para que nuestra misión permanezca firme en la fe, fortalecida por la oración y siempre al servicio de la Iglesia.
Creemos que Dios guía cada paso de esta obra y que nada sucede por casualidad. Él llama a cada persona en el momento oportuno y la invita a participar en su plan de amor.
Mirando nuestra propia historia, podemos reconocer cómo el Señor y la Santísima Virgen María han estado presentes en nuestro camino, muchas veces de manera silenciosa y otras de forma extraordinaria, conduciéndonos siempre hacia su voluntad.
Con fe y esperanza avanzamos, convencidos de que esta misión pertenece a Dios y que Él la sostendrá con su providencia.
"Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre sino por mí."
(Juan 14, 6)
"Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida."
(Juan 8, 12)